
Parece un cuadro, que con luces azules y violetas, alumbran desde el final del largo pasillo, hasta la entrada. Si me acerco, puedo ver más…
Teníamos el acuario con muchos peces, muchos colores, luces que cambiaban de color, algunas piedras blancas, y muchas otras pequeñitas de tonalidades café, y algunas burbujillas que les hacían cosquillas. Se reproducían constantemente, ya casi era imposible llevar la cuenta, y estaban necesitando una casa más amplia. Y pese a que comían poco, se podía observar la indigestión de algunos. No sé si fue la abundancia la que nos llevó a deshacernos de éstos, o la misma sociedad individualista en la que vivimos. No sé a donde fueron, ni qué pasó con ellos, ¿dónde los enviamos?
Nos vimos en la inmensidad de pronto, algo verde frondoso, tan oscuro y tan húmedo... ¡tan tedioso! Avanzando en la incertidumbre de un venenoso ataque, esquivando cualquiera que así pareciera, y luchando con cuanta sombra hubiera. Es un recuerdo poco nítido en mi memoria.
-¿Dónde se esconden las serpientes no venenosas? Yo prefiero una de esas, creo que no hacen daño. Nunca me gustaron las serpientes, pero ahora sí quiero una.-
Finalmente logramos capturarla. No recuerdo cuánto tuvimos que luchar con ella, o qué tan dócil fue. ¡Pero el objetivo ya estaba en nuestras manos! Y en nuestros satisfactorios rostros se dibujó una tenue sonrisa, invadidos por una agradable brisa de tranquilidad, y sin pronunciar una palabra, retornamos.
Al fin ya estábamos frente al acuario, que me parecía mucho más grande de lo que recuerdo. Y con la serpiente en nuestras manos, y con un sentimiento de haber obrado bien, nos disponíamos a poner ésta dentro de la caja de vidrio. - ¡Ya está!, ahora la serpiente nos pertenece, qué agradable sensación, qué hermoso cuadro con luces azules y violetas…pero… ya no estoy tan segura de quererla, su mirada penetrante comienza a asustarme, ¿dónde están los peces?...Esta serpiente puede ser venenosa, confiar en ella podría ser mortal, las serpientes ni parecen amigables si quiera, y si alguna excepción hubiera, pues fingen. De seguro cuando te voltees, ésta te sorprenderá.
Ahora la serpiente me parece más grande y oscura, me asusta, pero me gusta… y no lo entiendo. Me alejo, y sin voltear, cada vez más, tranquila e inquieta, llego a la entrada… y sigue creciendo… veo el cuadro con luces, y sólo entonces, comprendí: He cambiado peces por serpientes.
Cayeron serpenteantes al agua, fluyendo desde lo alto como una cascada, perdiéndose en grupos grandes y pequeños, o simplemente solos, los más valientes o incautos. Se fue un grupo de ellos internando en los causes del subsuelo; nunca más volvieron a ver a sus compañeros...
ResponderEliminarSe amistaron con piedras y hongos. Se enemistaron con la asfixia y la hambruna. Pactaron con la desesperación y la pérdida. Arrivaron a grandes manantiales, dulces y tivios, ricos en belleza y bondades. Conocieron, los pocos que llegaron ahí, a quienes llevaban más tiempo, y escuchaban sus historias: cómo aún no olvidaban su recorrido hasta ahí.
El odio que los hacia llegar ahí les exaltaba el hambre, y comían ansiosos hasta volverse unos ellas, solitarias y egoístas, que ya no nadaban libres, sino que se arrastraban, buscando la superficie. Dichosas —decían ellas— aquellas que eran encontradas, por enérgicas manos sorteando aparentes sombras. Si sólo supieran que esa dicha no significaba más que volver a sus antiguas moradas, ahora grandes y torpes, chorriando ponzoña por todos sus poros, inspirando el asco que las alimentaría desde entonces, haciéndolas crecer desde el fondo del pasillo.